Centro de Formación Continua



 
 

Leyendas urbanas

Hace un tiempo recibí un mensaje de e-mail, una carta en cadena escrita en solidaridad con Brian Miranda: "El pequeño Brian Miranda se encuentra internado en el Hospital de Niños Pedro Garraham (sic) ..." La carta me pedía que reenviara el mensaje a todos mis amigos y conocidos, pues varios proveedores de servicio de Internet se habrían comprometido a donar un centavo por cada copia enviada, con destino a solventar los costos de la operación del pobre Brian. Unos días después recibí otro mensaje, mucho más lacónico: en el Hospital Garrahan de Buenos Aires no tenían ni noticias de ningún Brian Miranda, y menos de cualquier arreglo con proveedores de Internet. Este segundo mensaje venía de un alma desconfiada, que, dominando su reflejo solidario, había llamado al hospital*.

Y ya que estamos deschavando a gente poco solidaria, tengo que confesar que yo tampoco había multiplicado los mensajes, aún sin contar con esa segunda opinión. Por un lado, ya tenía algo contra las cartas en cadena cuando nos instaban a rezarle a Ceferino: las de esas épocas lejanas, cuando se escribían en papel y había que llevarlas al Correo, repelían con esa misma mezcla de sentimentalismo barato y torva amenaza que exhiben las actuales. Por el otro, durante el año pasado había desarrollado anticuerpos extra: había recibido dos variantes precursoras del pedido por el pequeño Brian. Esos mensajes abogaban, de casi la misma manera pero en inglés, en favor de Jessica Mydek, una enfermita norteamericana de cáncer. Los tres centavos que los proveedores de servicios de Internet iban a pagar en aquel caso eran, o bien para subvencionar la investigación del cáncer en general, a través de la American Cancer Society, o para pagar el tratamiento personal de la nenita, según la versión. Usted elige: si su solidaridad es izquierdista e impersonal, su plata (la ajena, en realidad) va a la ciencia; si la prefiere bien empapada en toques personales, sin intermediación de guarismos, la ayuda va a esa nena en particular. Para qué le voy a decir que resultó que en este caso tampoco existía la enfermita, ni el método de ayudarla.

¿Cómo nacen estas bolas, quién se ocupa de generarlas? Primero que todo, lo de bolas: ¿son ciertas o falsas? ¿Dónde podemos conseguir información sobre ellas (ver abajo!)? Si son de buena fe, ya sé quién las genera: la gente de buena voluntad, la que mantiene tan bien empedrado el camino a ya saben dónde(ver abajo). Si son falsas, ¿quién las inventa y porqué? Hay varias teorías: hackers disfrutando del puro placer de la cargada, sociólogos investigando experimentalmente la difusión de rumores o la inocencia de los Internautas, malintencionados tratando de atorar un sistema bombardeándolo con mensajes, las compañías telefónicas aumentando el tráfico en sus líneas, Bill Gates ensayando nuevas maneras de apoderarse del mundo. No sé, supongo que cada una podría aplicarse en algún caso, excepto la de Bill Gates, que sí debe ser cierta, siempre.

Respecto a cómo corren estas historias una vez creadas, no hay secreto: tenemos demasiado tiempo libre con la PC, multiplicar un mensaje con un programa de e-mail es simple, nos sobra la buena voluntad (sobre todo cuando no nos cuesta plata) y nos falta juicio y escepticismo. Por eso me gustó un artículo que apareció en el número de noviembre 1998 del Scientific American, en la sección Cyber View. Quisiera compartirlo con nuestros lectores, así que lo he traducido al castellano. Si usted entiende inglés, no deje de entrar a la página de urbanlegends, algunas son realmente desopilantes. Esta traducción aparece aquí con el generoso permiso de su autor, Paul Wallich, quien no sólo nos autoriza a usarla, sino que está dispuesto a contestar consultas: si usted quiere dirigirse a él, cliquee sobre su nombre. Bueno, aquí va el artículo:

¡Esto no es una broma!
(Scientific American, p. 54, noviembre 1998)

Paul Wallich

¡Ayuda! Craig Furr, un niño británico de seis años que sufre de un tumor cerebral, quería visitar Disney World antes de morir. Al finalizar el viaje, cuando sus padres se retiraban del hotel, se dieron cuenta de que les estaban cobrando $ 2500 por galletitas de chocolate que habrían servido a su cuarto. Mientras discutían sobre la cuenta, una banda de ladrones de riñones secuestró a Craig y se lo llevó por los túneles de Disney World. Los secuestradores le pusieron una peluca en la cabeza (que estaba calva por la quimioterapia) y lo vistieron como una nena, pero afortunadamente un guardia de seguridad alerta notó los zapatos británicos anticuados que llevaba Craig, de esos que se abrochan al costado. El hotel, sin embargo, ha demandado a los padres de Craig por los $ 2500, y a menos que puedan hacer que se envíen suficientes e-mails a santa@polonorte.org como para ganar el premio del Libro Guinnes de los Records, van a perder su casa.

Usted nunca ha encontrado este pedido en particular en su bandeja electrónica de entrada, pero las chances son que haya recibido--o enviado--copias de al menos algunos de los centenares de leyendas urbanas que circulan por la Internet. (De hecho, esta columna fue concebida cuando un escritor de Scientific American que no nombraremos hizo circular la historia de la receta de galletitas de $ 250 de Neiman Marcus/Mrs. Fields/Waldorf-Astoria.) Tatuajes temporarios aliñados con LSD y estricnina, riñones robados, encuentros íntimos con hamsters, virus informáticos fatales embebidos en el e-mail: la lista continúa. Terry Chan del grupo de discusión alt.folklore.urban (AFU) en la Usenet mantiene un archivo con más de 1000 ejemplos de folklore moderno, junto con veredictos sobre su respectiva verdad o falsedad. Usted puede leer esta lista de FAQ (Preguntas Frecuentes) o buscar el veredicto sobre una historia específica en www.urbanlegends.com y otros sitios.

¡Pero tan poca gente lo hace! Como resultado, la Internet parece ser por lo menos tan eficiente en la difusión de mitos como en la diseminación de la verdad. Las leyendas urbanas solían extenderse de boca en boca, moviéndose de ciudad a ciudad mayormente con los viajeros, pero ahora pueden saltar de un continente al próximo en unos pocos minutos. Además, el rápido crecimiento de la Internet provee un suministro infinito de novatos ("newbies") cuyos sistemas inmunes mentales todavía no han sido encallecidos por la exposición a tomaduras de pelo. Los veteranos de la Internet recuerdan los días cuando cada nuevo año académico traía consigo una cosecha fresca de interlocutores crédulos, pero ahora el influjo es continuo, observa el habitué del AFU y administrador de la Internet Clive Feather. "1993 fue el último setiembre (N. del T.: comienzo del año académico en el hemisferio norte) que siguió ese patrón", dice--"ahora, por lo que hace a la Net, es siempre setiembre".

Tal como Jan H. Brunvand de la Universidad de Utah y otros han documentado extensamente, las leyendas urbanas sirven como fábulas contemporáneas, pulsando nuestros miedos sobre el sexo, el crimen, grupos étnicos foráneos, la tecnología, la gente y organizaciones poderosas, y así por el estilo. De hecho, ha rastreado algunos cuentos de la Internet hasta antecedentes orales de la década del 1930 y aún antes. Sin embargo, hay una gran diferencia entre el boca en boca y el PC a PC: mientras que las tradiciones orales casi siempre son modificadas al recontarlas, las leyendas de la Internet se pueden propagar esencialmente sin alteraciones. Unos pocos segundos de trabajo con el teclado o el mouse alcanzan para copiar los mitos y enviarlos a algunos miles de amigos y vecinos. Al mismo tiempo que la cultura mítica se hace global, también se homogeiniza, se lamenta Brunvand.

Como el "faxlore" que las precedió, las leyendas de la Internet a menudo contienen alguna clase de llamado a la acción que las ayuda a propagarse (difunda la receta de los bizcochos, envíe una postal, no lea un e-mail especial, no arriesgue sus riñones levantándose a una bella desconocida). Gracias a la intrazabilidad esencial del texto ASCII, también pueden tener lo que parece ser un origen sólido: es simple escribir "(AP)" o "(Reuters)" al comienzo de un cuento y hacer así que parezca un cable de una agencia de noticias. Por supuesto, las distribuidoras legítimas de noticias también puede tragarse las leyendas urbanas, así que el encontrar una historia en el archivo de un diario o en su página Web no es ninguna garantía de exactitud. En www.urbanlegends.com/medical/hospital_cleaning_lady.html o en www.legends.org.za/arthur/cleanfaq.htm, usted puede leer una exposición completa de la falsedad de la leyenda sobre la encargada de limpieza del hospital que desenchufó los respiradores para conectar su enceradora de pisos, que fue publicada (la leyenda) por el periódico sudafricano Cape Times y media docena más. Tal vez las leyendas de la Internet sirvan para convencer a los navegantes de la Red que traten a todas las noticias que lean con un sano escepticismo.

Excepto en unos pocos casos, es usualmente imposible determinar el origen de las leyendas de la Internet: reaparecen cada pocos meses o años en versiones levemente distintas, inundan las ondas virtuales y desaparecen. El habitué de AFU Lee Rudolph dice que algunos participantes de grupos de noticias afirman que las leyendas surgen en la Red después de aparecer en películas o shows de televisión, pero sus propias observaciones (igualmente anecdóticas) no confirman este parecer. Cada leyenda pareciera tener un período característico. "Sería agradable," escribe, "saber qué fuerzas, si las hay, impulsan estas periodicidades, o pueden superarlas para causar brotes esporádicos atípicos." Tal vez haya un reservorio escondido de crédulos, semejante a las comunidades aisladas o poblaciones de vectores animales que los epidemiologistas postulan para explicar los brotes esporádicos de dengue o gripe.

Cualquier observador aislado, por supuesto, está mal situado para reconocer cómo se propagan las leyendas urbanas, porque una leyenda podría estar medrando y decayendo en toda la Red o dentro de un grupo particular de interlocutores. De hecho, como hace notar Feather, los aficionados al folklore de la Internet podrían ser los peor situados de todos porque, por ejemplo, cualquiera que lee o escribe a AFU ya sabe que las leyendas urbanas existen. (Y los expositores de las leyendas pronto se encuentran con que sus amigos dejan de enviarles las historias que necesitan para construir una base de datos sólida.)

Hasta que se instale un sistema de monitoreo del folklore en toda la Internet, por favor siga mandándole esas postales a Craig Shergold (ahora un estudiante universitario, ha estado libre de su tumor cerebral más de siete años pero todavía recibe bolsas de correspondencia que le desea que se mejore, gracias a la Red). Y recuerde que mientras la Internet siga creciendo, cada día parecerá el primer día de clases.


Hasta aquí el artículo de Paul Wallich. Si usted entra en la página de www.urbanlegends.com (dicho sea de paso, "UL" quiere decir precisamente urban legend, leyenda urbana), tal vez le convenga elegir "Searches" del menú, y luego apretar "Go". Aparecerá una pantalla de búsqueda, y con suerte encontrará la verdad sobre lo que le preocupa. La sección sobre ciencia es interesante, en especial la parte sobre la fuerza de Coriolis (no se pierda la historia del turista en el Ecuador con la palangana de agua) o la fluidez del vidrio.

Si quiere conocer la historia del pedido por Jessica Mydek (y, de paso, la interpretación obscena del nombre de la nena; por desgracia a mí no se me ocurre una semejante para "Brian Miranda," pero tal vez soy muy inocente), vea la página de Barbara Mikkelson, en www.snopes.com/spoons/faxlore/mydek.htm.

Si quiere leer la respuesta del sicólogo argentino Roberto Sánchez al pedido por Brian, mire en http://chico.rediris.es/cgi-bin/wa?A2=ind9812&L=grupo-analisis&O=D&P=5828 (por el dato, que me vino de España, le agradezco a Pepe).

Una buena lista de tomaduras de pelo (hoax en inglés) y falsas alarmas de virus, pero en inglés, se encuentra en http://www.av.ibm.com/HoaxFrame/hoaxframe.html (gracias, Dave Corcoran, estés donde estés). Incluye la versión inglesa de esa carta en cadena en la que Microsoft ofrece pagarnos 5 dólares por cada persona a quien reenviemos la carta, y 3 por cada una a quien ellos se la manden, así como la carta AOL4FREE, que ofrece un lugar gratis en America On Line. Ambas mentiras, por desgracia.

Sobre cartas en cadena en inglés, puede consultar a Internet ScamBusters, que tiene un catálogo bien nutrido. Hace poco, cuando recibí una versión de la cadena en que se pedía ayuda para una nenita tucumana que necesitaba un transplante cardíaco que iba a pagar la Carlson Media Comunicaciones de Argentina (inexistente), me enteré de la existencia de una buena página argentina sobre el tema, qué digo argentina, si es de aquí nomás, la mantiene Eugenio Siccardi en el Bolsón: http://www.rompecadenas.com.ar . Se la recomiendo, y gracias Eugenio!

 

Hace poco recibí una combinación lineal de las dos: ahora Microsoft y AOL juntas me hacen una oferta semejante. Pero la oferta no es igual, y las diferencias son interesantes. Esta oferta viene en castellano, y bien saben ustedes que un idioma es también una cultura, una manera de ver el mundo. Para los descendientes de los conquistadores y buscadores de El Dorado, cinco dólares son cambio chico, así que esta carta ofrece 245 dólares para las cartas que uno mismo mande, $ 243 para las de la segunda generación, y $ 241 para las de la la tercera. Tal vez Bill Gates se ha tomado a pecho el fallo del juez Jackson, y quiere deshacerse de esa fortuna que sólo le trae problemas. Pero lo dudo. Esta carta viene firmada por el Dr. Patricio Labal, un neurólogo argentino, y da su e-mail, labal@impsat1.com.ar. Le escribí para preguntarle si era cierto que él era el autor, pero no ha tenido tiempo de contestarme, o no tiene ni idea de lo que pasa, en caso de que exista (gracias, Sara Fleiderman en Israel).

Si usted lee (y entiende) francés, Isabelle Saint-Saëns mantiene una excelente página sobre virus, cargadas y cartas en cadena en http://sqplv.eu.org/loup/ . Se la recomiendo.

Hace poco recibí una carta en cadena que contenía la siguiente circular (textualmente, no he cambiado nada):

 "Hemos recibido esta información y consideramos que ustedes deben conocerla, no queremos alarmarlos, sino prevenirlos y que tomen las precauciones pertinentes. Por favor revisen su silla cuando van al cine. La mayoría de nosotros  solo nos aventamos al asiento sin revisarlo. Mueva el asiento varias veces para ver si hay algo y fijese muy bien. No lo palpe con la mano, podria encontrarse con una aguja y una nota diciendo "BIENVENIDO AL MUNDO REAL: YA ERES VIH POSITIVO". En los teléfonos públicos se ha detectado el mismo problema: un grupo de drogadictos deja agujas en los orificios de devolución del dinero para todo aquel que introduzca la mano se infecte.
Este mensaje ha sido enviado a todo el mundo para que nos mantengamos alejados del peligro.
Atentamente,  Policía Federal Argentina."

Aquí hay varios detalles sospechosos. Uno es que esta es una variante de lo que ya se decía sobre los leprosos en la Edad Media, y los otros son lingüísticos: en la Argentina los asientos del cinematógrafo se llaman butacas, no se dice "aventarse", no se dice "eres" sino "sos". De cualquier manera, escribí a la página Web de la Policía Federal Argentina, y me contestaron que ellos no habían generado el aviso, aunque, con típica cautela policial,  no me aseguraron  que el contenido no fuera cierto. Pero claro, ¿quién me asegura que los VIH + no tengan gente infiltrada en la mismísima PFA?

Ahora, a fines de mayo del 2001 (esta página es dinámica y este párrafo debería ser, en rigor, una posdata), me han llegado varios mensajes despavoridos, avisándome sobre un virus que podría acechar en mi PC; como ellos ya lo han encontrado y aniquilado, me mandan las instrucciones detalladas para erradicar el sulfnbk.exe. Este monstruo agazapado espera el 1 de junio para activarse. Los mensajes eran creaciones individuales que transmitían un miedo personal más convincente que cualquier carta en cadena. No es extraño que todos los que me avisaron hayan encontrado el virus en sus máquinas, pues es parte de la dotación de programas ejecutables del Windows. Ahora he recibido lo que parece ser una carta en cadena, con detalles extra que intentan convencer. Por ejemplo, sugiere consultar la página de McAfee, que confirmaría la existencia del virus. No sé cuánta gente lo ha hecho (ya hablé arriba sobre Santo Tomás), pero consulté, y según ellos el sulfnbk.exe es un hoax, una tomadura de pelo o cargada. Lo mismo dice Symantek, en su lista de hoaxes. Esta cargada parece haber nacido en Brasil, y claramente es muy efectiva, de la misma manera que lo son las gitanas que nos dicen "Tu tienes problemas de dinero, payo." ¿Quién no los tiene? Bueno, el 2 de junio veremos que pasó. Epílogo: nada.

Si le interesa aportar algo al tema de las leyendas urbanas argentinas (por ejemplo Brian Miranda, Yabrán, robo de órganos, Montes de Oca, fabricantes de cosméticos que riegan liendres en los areneros infantiles, fabricantes de antivirus que diseñan virus casi imbatibles), por favor no lo haga en cartas en cadena: deje su mensaje en el libro de visitas del CFC. Gracias.

Ernesto Martínez, en Bariloche.

Epílogo. Como ustedes han leído, escribí esta página motivado por la carta sobre Brian Miranda, para que mis amigos hispanoparlantes pudieran leer el artículo de Paul Wallich. Ahora se está cerrando un círculo: desde hace un par de semanas estoy recibiendo consultas de personas que han recibido la carta de Brian y no hablan mucho castellano (mucho es cualquier cosa más que "Hasta la vista, baby"). Me preguntan dónde hay información en inglés o francés sobre Brian Miranda. Tal vez sea hora de traducir la nota de Paul Wallich de vuelta al inglés.


*La verdad es que no me consta que la desmentida de la existencia de Brian Miranda sea más cierta que el pedido original de ayuda, pues no he verificado personalmente a ninguna de las dos. Tal vez tiendo a creerle a la desmentida porque el pedido en cadena me cae tan mal. ¿Quién fue que dijo que nuestra posición filosófica depende más de nuestro hígado que de nuestra cabeza?
 


De vuelta al menú principal

 Le agradezco a Miguel García Murcia de Ciudad de México por la siguiente información: “Aprovecho para comentarte lo siguiente: la leyenda sobre "BIENVENIDO AL MUNDO REAL: YA ERES VIH POSITIVO", esta escrita con un lenguaje muy utilizado en México, particularmente conocido como "chilango" (chilangos son todos los habitantes de la ciudad de México y zona conurbada, sin importar origen ni identidad cultural, el simple hecho de vivir en esta zona hace que te veas envuelto por una cultura que primero te adopta y después te adapta), aquí en Chilangolandia el cinematógrafo se llama cine, las butacas son conocidas como asientos, y "aventarse" es la mayor muestra de valentía, demostración de poder y sobre todo es la forma más legítima de tomar poseción. La primera vez que escuche una versión similar fue hace varios años, no fue un mail, se trataba de una versión transmitida de boca en boca, sólo que en ella se hablaba de dos jóvenes hermanos que habían viajado a alguna playa del pacífico mexicano (no recuerdo cuál), en esa playa habían conocido y "ligado" a dos chicas, con quienes pasaron la noche, al amanecer, los hermanos se encontraron solos en la habitación del hotel, cada uno con una nota en su cama, la nota decía: "BIENVENIDO AL MUNDO REAL: YA ERES VIH POSITIVO".”